jueves, 22 de octubre de 2009

LATINES GAUCHESCOS

LATINES GAUCHESCOS

Algunos escritores gauchescos sabían sus latines. Quizás no eran grandes expertos pero tenían algún conocimiento. Y parece que de algo les sirvió; al menos yo estoy convencido de que así fue. El primer ejemplo que pongo es el de Javier de Viana (1868-1926), uno de los más grandes escritores gauchescos uruguayos. Sus cuentos están ambientados tanto en Uruguay como en Argentina. De él leí el libro Abrojos, en una primera edición de la Biblioteca Rodó (Montevideo, Claudio García Editores, 1936). Dicha edición tiene una “auto-biografía”, donde se lee: “Estudié latín y griego, francés, inglés, italiano, portugués, y hasta algo de castellano. Cumple a mi franqueza declarar que a todos –incluso en el que escribo– los domino menos que mediocremente” (p. 14). Creo que peca de falsa modestia, pues escribe muy bien y con gran soltura. Más ponderada es la frase: “El latín, el griego, el francés, el inglés, el italiano, portugués, español y guaraní, –me había olvidado decir que también estudié el admirable idioma indígena,– […] han tenido una mínima influencia en la gestación de mi edificio artístico: nido de hornero, nada más, y con ello se conforma mi modestia” (p. 15).

Ahora menciono a Luis Franco (1898-1988), que no era gauchesco pero era un “gaucho.” Escribe Lucas Moreno en su prólogo a Poesía de Luis Franco (Buenos Aires, Eudeba, 1964): “Con el concurso de sus manos, como un griego de los tiempos de Esquilo, fue logrando las bases mínimas de una vida austera. No desechó oficio ni menester por elemental o humilde que fuese. Labrador en Belén de Catamarca, su pueblo natal, cultivó durante largos años un predio por demás desparejo y fragoso, hasta nivelarlo, llevándolo luego, con los muy escasos y rudimentarios enseres de que disponía, a un aceptable rendimiento, al combinar el cultivo de cereales y pastos con el de la vid. Más de diez mil cepas plantó a lo largo de esos años con sus propias manos. No se conoce entre sus colegas de la literatura quien pueda hacer una afirmación en igual sentido. Sus manos manejan hoy todavía el hacha con la misma certeza y maestría que la pluma” (p. 6). Bastante de esto se ve en “El buey”, que tomo de la citada edición (pp. 23-24).

Tu grandura se aploma con sencillez de monte.
Tu paso es remansado, profundo, fértil como
un río en la llanura. La paz del horizonte
del campo se echa en tu ojo. Manso como una encina,
a los pájaros cedes, para rama, tu lomo.
Lames tu mansedumbre, suave como la malva.
Tu morro humea al alba, igual que una cocina.
Y oyes como una misa los rumores del alba…

Rumiando, de rodillas sobre las hierbas o entre
los pastos, quizá rezas tu amor sacerdotal:
Ave, tierra, llena eres de gracia virginal
y maternal. Benditos los frutos de tu vientre.

Por tu rastro que tiene forma de corazón;
por tus cuernos, par de hoces a tu testa amarrado
en seña; por el yugo, la cruz de tu pasión
fecunda; por el santo madero del arado;
por la reja que brilla sin mancha en su faena,
y por la harina blanca y la gleba morena,
y por el pan del rico y el pan del indigente,
oh esposo de la tierra, por lo puro de toda
labor con la que honramos y nos honramos, mi oda
te corone de espigas y de olivo la frente.

Anotemos primero que “El buey” es parte de Los trabajos y los días (1928), lo cual inmediatamente nos remite a Hesíodo y la poesía del campo. Se unen aquí las dos grandes tradiciones de occidente. En efecto “el rezo” de la bestia de labor, su sacerdocio, el “ave, tierra”, la cruz y “el santo madero” mezclan lo bíblico con lo virgiliano. Por otra parte, en cuanto a la relación entre lo clásico y el terruño provinciano, permítanme los lectores una brevísima mención del riojano Arturo Marasso, oriundo de Chilecito, quien amó como pocos en estas tierras la gloria eterna de Grecia. Así comenzaba su “Narciso”:

¿Qué oculta voz escuchas? Te enajena el secreto
de tu ser que se ahonda
y refleja vendido; y en tu quietud, inquieto,
estás en ti y en la onda. (Poemas. Buenos Aires, Hachette, 1953)

Tan telúricos como los gauchos, los indios. Y el Beato Ceferino Namuncurá (1886-1905) era en verdad un indio mapuche, hijo del cacique Manuel Namuncurá. Educado por los salesianos, fue tan buen alumno como cualquier otro de sus compañeros, e incluso mejor. Sobresalía en canto y en caligrafía, según nos informa el padre Raúl A. Extraigas, en su obra El mancebo de la tierra (Buenos Aires, Instituto Salesiano de Artes Gráficas, 1974, p. 65). Pero más adelante leemos que le gustaba la gramática y traducía Epitome Historiae Sacrae y las vidas de Cornelio Nepote (p. 171). Mas no lo hacía solo por obligación; ponía gran cuidado al hacer las versiones del latín y al latín (p. 165). Creo que muy pocos estudiantes de hoy se esmeran como este hermano nuestro, que tenía un nombre de pila tan clásico. Lamentablemente nos dejó a los 19 años, veloz como el céfiro. De cualquier forma, nuestro Ceferino me hace acordar a otro gran indio. En efecto Benito Juárez (1806-1872), Presidente de México, era liberal y masón, pero había sido seminarista. Cierta vez, en una amistosa conversación, intercaló estos versos que ni siquiera sé si son de él: “La señora musa musae / y el señor dominus domini / se fueron al templum templi / a oír el sermo sermonis” (Héctor Pérez Martínez. Benito Juárez el impasible. México, Horizontes, 1939, p. 104).

Recientemente la librería Capítulo I, de Nicolás Bunge, especializada en temas argentinos, me proveyó de un muy interesante libro: Félix Weinberg. Juan Gualberto Godoy: literatura y política. Buenos Aires, Solar / Hachette, 1970. Además de un largo estudio preliminar, edita las poesías y algunas cartas. Formaba parte de la colección “Dimensión Argentina”, que publicó decenas de obras muy importantes de temática nacional. Aprendí allí que Godoy (1793-1864), a quien yo consideraba un poeta gauchesco (y lo es verdaderamente), fue hombre muy letrado. Informa Weinberg: “Aprendió las primeras letras en una escuela de mujeres, gramática latina en el convento de los padres betlemitas y caligrafía con Alejo Nazarre, un antiguo funcionario colonial” (p. 13). No estaría bien inundar con citas; basten las menciones de Ovidio (p. 148), de Alejandro Magno (p. 141), de la expresión de facto (p. 158), del mítico canto del cisne (p. 157). Pero escuchemos la definición que hace de su propia vis satírica:

Mi numen es Juvenal,
no Tácito y Tito Livio;
por eso no doy alivio
a vicios en general. (p. 236)
Casi todos los de mi generación leímos El inglés de los güesos. Benito Lynch no sé si era un gaucho, pero pasó parte de su infancia en el campo y conocía bien –no por nada era irlandés– el verde de nuestra pampa. Pues bien, en el comienzo del cap. VI del Inglés, se habla de una muchacha de “adiposidad formidable”, a la cual llamaban La Talquina. La edición a cargo de Julio Caillet Bois (Buenos Aires, Troquel, 1960, p. 61) trae una “nota del autor”: “Tarquina, vaca tarquina, por los descendientes del primer toro Durham que se trajo al país y que tenía por nombre Tarquino.” Poco y nada sé de razas de animales, pero no dudo de que el nombre del noble bruto (con perdón del protagonista) le vino de un personaje de los tiempos idos. En efecto Tarquinio el Antiguo (Tarquino es otra castellanización de Tarquinius, menos recomendable pero correcta) y Tarquinio el Soberbio fueron dos de los siete legendarios reyes de Roma. Como dato curioso, The Breeder’s Choice, la marca de whisky nacional que conocemos cono Criadores, trae en la etiqueta tres toros: “TARQUINO, VIRTUOSO, NIAGARA” (cf.: http://www.whiskycriadores.com.ar/). Según el dicho, “cuando menos se piensa, salta la liebre” (cf.: http://www.1de3.com/refranes/3080/cuando-menos-se-piensa-salta-la-liebre); así es la gloria de Roma: también puede presentarse de improviso.
El padre Amado Anzi escribió El Evangelio Criollo, libro que fue ilustrado por bellísimos dibujos de Eleodoro Marenco (Buenos Aires, Ágape, 1964). Recientemente tuve la fortuna de hallar, en librería de viejo, una obra en esta misma dirección: Francisco H. Orellano. Evangelio según “San Fierro”. Buenos Aires, Difusión, 1976. Ambos autores gauchescos emplean la estrofa de nuestra gran épica. Pero Orellano trae algo muy curioso. En efecto habla así de la simpleza de los discípulos de Jesús:

Estos fueron sus laderos,
seleccionados por él,
gente ruda y sin cartel,
ni otro “curriculum vitae”
que aquel que les dio el envite
de su suerte en Israel. (p. 43)

A mí me parece bien ese latinismo, pues hasta el iletrado está obligado a veces a recurrir a palabras y frases cultas (sobre todo hoy, en esta época de médicos y pedagogos, cuando escuchamos cosas como laparoscopia, retroalimentación y objetivos procedimentales). Si alguno consigue estas obras de Jesús en criollo, léalas y hallará placer.

Hemos comprobado aquí una vez más algo muy sabido, la gran fuerza del mundo griego y latino. De cualquier forma, podría parecer algo impensado lo clásico en lo gauchesco. En realidad se explica perfectamente, pues los gauchos son americanos y América, como tantos sitios, sintió la educación de la vieja Europa, de base clásica. En más de un caso vimos que tal educación debía no poco a las órdenes religiosas, que llevaron el latín junto con la escuela. Por eso quizás, a la hora de escribir, también a los escritores nativos la cultura clásica les brotaba de lo hondo.

RADULFUS

jueves, 10 de septiembre de 2009

EL CISNE NEGRO DE CARMINA BURANA (Y DE MARTINUS ZYTHOPHILUS)


Martin Freundorfer, poeta neolatino actual, me envió el 15 de junio de 2009 un mensaje literario. Lo escribió a un grupo de amigos, de cuyo santo número formo parte inmerecidamente.

Rara auis est dictus niger a te cygnus, acerbe,
cum tuus albentem mundus haberet auem.
Si foret Australi sita in aequore cognita, uates,
terra, coli scires hanc ab olore nigro.
Tempora enim semper mutantur multaque fiunt,
quae fieri non uult credere caecus homo.

Duro poeta, llamas una rara ave al cisne negro,
porque tu mundo conoce solo cisnes blancos.
Vate, si conocieras la tierra bañada por el mar
del sur, sabrías que en ella hay cisnes negros.
Pero los tiempos mudan y hay muchas cosas
que el ciego hombre no quiere creer que son.

Sabemos que el último canto del cisne es el mejor. Geoffrey de Monmouth en su Vida de Merlín (1335-1336) escribe: Excedit volucres dulci modulamine cunctas, / cum moritur cignus nautis gratissimus ales. Poco sé de volátiles pero creo haber visto u oído hablar de cisnes negros, aunque la mayoría sean cándidos. Yo vivo en una tierra del mar austral, si bien no sé a cuál de ellas se refiere Martinus. No importa; haya o no cisnes negros versus meridiem, están claros algunos consejos: no menospreciemos lo que no conocemos; no pensemos que las cosas siempre tienen que ser de una sola manera; aceptemos los cambios que mater Natura nos da. Después de leer, felicité a Martinus y le contesté que hay otro famoso cisne negro, el célebre cisne hervido de Carmina Burana, el que comienza 'En otro tiempo vivía en los lagos' (Olim lacus colueram). No le desagradó mi noticula, pues me dijo en mensaje del mismo 15 de junio: “Verum dicis, mi Radulfe, sed illum cygnum, cum lacus coleret, album fuisse addendum est.” Añadió que antes la gente no hacía tales distinciones poéticas y enviaba a su estómago tanto cisnes como gansos. Más aún el día anterior, en un paseo a orillas del Danubio, había visto un cisne blanco, aunque no quiso comerlo (no sé si estos tiempos conservacionistas alientan cacerías de esta índole). En fin, sea entonces esta nota un humilde homenaje a Carmina Burana, a uno de sus poemas más divertidos y a la poesía de un amigo que es gloria de la latinidad de hoy.
RADULFUS

martes, 14 de julio de 2009

NOMBRES SANMARTINIANOS Y EL LATÍN[1]

Las ideas de libertad que florecieron en Hispanoamérica en el s. XIX estaban expresadas, como era de esperar, en términos griegos y latinos. Esa era –y sigue y seguirá siendo– la educación de base. Libertad, república, revolución, las tres son palabras latinas. Pero detengámonos un momento en algunos de los nombres que se aplicaron al General San Martín, cuya memoria hoy… veneramos, celebramos, recordamos, enaltecemos (más palabras de la lengua del Lacio). A veces es el Héroe Máximo;[2] quiere decir que era como los que los griegos llamaban héroes, hombres de excepcional fortaleza física y que eran hijos o descendientes muy próximos de los dioses. Pero, así como entre los héroes antiguos unos sobresalían más que otros (Hércules, por su vigor; Eneas, por su piedad), también él ha sobresalido entre los otros viri fortes de la causa americana.

Padre de la Patria, Pater Patriae, era un título que los romanos daban habitualmente a los emperadores y que las monedas abreviaban PP.[3] Cicerón nos dice que muchos lo habían llamado así a él, por sus servicios a la república.[4] San Martín es para nosotros el Libertador por antonomasia. Liberator había sido llamado Lucio Junio Bruto, quien había expulsado al último rey de Roma, en esa historia mítica que nos narra Tito Livio.[5] Liberator también se aplicaba a Júpiter, el dios supremo.[6] Ahora bien, todos sabemos que estamos en la idea de ‘libre.’ Por rara ironía del destino nuestro Colegio tiene como lema Liber liberat, ‘el libro libera.’[7] En realidad no hay conexión etimológica entre libre y libro; pero podemos aceptar y transmitir el juego de palabras que hicieron los proceres fundadores de nuestra institución y valernos de él para estimularnos a diario en el deseo de saber, porque sabiendo más seremos más libres, con la libertad luminosa de la inteligencia.

Hay otras voces latinas que pertenecen a José de San Martín (si le anteponemos el Don, tendremos otra, derivada del dominus romano); general, generalísimo y capitán[8] fueron títulos que ganó gracias a su preparación y esfuerzo permanentes; ejemplo y modelo lo hemos considerado nosotros, que necesitamos un speculum, algo donde mirarnos, si queremos servir mejor a la patria.

Otro de sus títulos, Gobernador Intendente de Cuyo. Gubernare, voz latina de origen griego, es técnica, perteneciente a la náutica.[9] Los griegos, gentes de mar, gustaban de términos de esa procedencia. Significa ‘dirigir la nave’, ‘dirigir el timón.’ Nuestro héroe también desde este punto de vista mereció ser así llamado, pues no eran pocas las tormentas que se cernían sobre nuestra tierra. Un buen piloto sabe, entre otras cosas, leer los tiempos, amainar las velas y mover los ánimos de su tripulación. En cuanto a intendere, es en latín ‘encaminar’, ‘dirigir.’ Por ello un intendente es un jefe superior, en el ejército y en los ámbitos de la vida civil.

Nos interesan también las designaciones Protector del Perú y Fundador de la Libertad del Perú. Protector tiene la raíz del verbo tego, ‘cubrir’, ‘proteger.’ En cuanto a ‘fundador’, el latín clásico prefiere la raíz del verbo condo: conditor, ‘fundador’; conditio, ‘fundación’; ab Vrbe condita, ‘desde la fundación de la Ciudad.’ En efecto condere, como derivado de ‘dar’, es ‘dar conjuntamente’, ‘dar los elementos de algo’; de allí, ‘fundar.’ Fundator es más bien de la latinidad tardía (aunque la usa Virgilio[10]); su origen es fundus, ‘fondo.’ Pues quien funda, da un fondo, un cimiento, un fundamentum. En definitiva, la lengua del Lacio ha sido óptimo vehiculum para las ideas de ‘emancipación’ de la gran patria americana.
RADULFUS
[1] Estas líneas las escribí para un acto escolar del 17 de agosto de 2008, día en que recordamos al Gral. San Martín, en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza, Buenos Aires. Quizás algún docente del área de lengua pueda encontrar utilidad en ellas.
[2] San Martín es "el héroe máximo de los argentinos. Se lo nombra como el Padre de la Patria. La literatura lo llamó el Santo de la Espada. Se lo conoce como el Libertador de América. En las luchas por la independencia americana, fue un héroe venerado por varios países sudamericanos.” Cf. http://www.telpin.com.ar/InternetEducativa/Proyectos/2007/HIMNOS/San%20Martin.htm .
[3] Un ejemplo entre muchos, una moneda de Claudio; cf.: David R. Sear. Roman coins and their values. London, Seaby, 1964, nº 537, p. 59
[4] Cicerón, Pro Sestio 121).
[5] Tito Livio 2, 5.
[6] Tácito, Anales 15, 64.
[7] Otra formulación es Liber, libertas, ‘el libro es libertad’ (cf.: L’ape latina; Dizionarietto dei 2948 sentenze, proverbi, motti, divise, frasi e locuzioni latine (ed. Giuseppe Fumagalli). Milano, Hoepli, 1949, nº 1238.
[8] Fue Capitán General de Chile y Generalísimo del Perú.
[9] Cf.: A. Ernout – A. Meillet. Dictionnaire étymologique de la langue latine. Paris, Klincksieck, 1979, s. v. GUBERNO.
[10] Virgilio, Eneida 7, 678.

domingo, 17 de mayo de 2009

A NUEVOS DISCÍPULOS DE LATÍN

Martin Freundorfer es un poeta latino actual. Nació y vive en Austria y usa el nombre literario Martinus Zythophilus (el apellido romano significa ‘amante de la cerveza’). Enseña latín en su patria y, próximo ya a comenzar un nuevo curso anual, envió a algunos de sus amigos este poema.

Vos, quibus est, pueri, discenda Latina, saluto,
lingua, et, uti uobis fiat amica, rogo.
Hunc docuit populos sermonem Roma subactos,
nam ferrum fuerant uerba secuta ferum.
Hunc patrium loquitur sermonem Europa superba,
Romae cum ruerint moenia celsa diu.
Noscite Romanos et magnam noscite Romam
et quidquid cecinit Musa Latina uiris.
Omnia deposito monstrabunt scripta timore :
pergite, inite nouam me comitante uiam.

[Os saludo, discípulos que aprendéis la lengua
latina, y os ruego que sea ella vuestra amiga;
ella, que fue enseñada por Roma a los pueblos
sometidos, pues las palabras siguieron al duro
hierro. La soberbia Europa la habla como lengua
propia, aunque hace tiempo los muros de Roma
cayeron. Conoced a los romanos y a la excelsa
Roma y cuanto cantó la Musa latina a sus varones.
Todo esto mostrarán los escritos, si dejáis el temor.
¡Adelante! Os acompañaré en este nuevo camino.]

Todos, antes de empezar cualquier año académico, nos preguntamos cómo serán nuestros alumnos, cuáles dificultades enfrentaremos… Aquí Martin se dirige a discípulos a quienes no conoce (y que naturalmente no podrán entender al principio sus versos), a los que enseñará cosas no sencillas. Hoy parece que esto es más difícil que nunca, pero es bueno tener una mirada positiva: hablar de lo que conseguiremos, no solo de cuánto esfuerzo nos demandará algo. Por eso el deseo de que ellos se amiguen, que empiecen desde el inicio a amar la lengua de Roma. Motivos para ello: varios, pero nuestro poeta da algunos. Es la lengua de un antiguo imperio, pero es superadora del mismo. En efecto aunque los muros de la antigua Urbe cayeron (solo una parte, con gran esfuerzo reconstruida, se conserva hoy), aunque solo hay reliquias materiales de su fasto lejano, su lengua es señora de Europa y de sus hijos, esparcidos (‘sembrados’, diríamos en griego) por toda la tierra. La gran tarea del maestro de la lengua del Lacio, la cual es instrumento básico para el conocimiento de la ‘soberbia’ civilización europea, es la de ser como un Hermes, un psicopompo, guía de las almas. Nunca nos libramos del todo del temor, pero podemos animarnos a emprender un camino fecundo.

Raúl Lavalle

domingo, 15 de marzo de 2009

NOCHES ÁTICAS


Hay en la Red un sitio con una gran cantidad de letras de tango: Tango Lyrics Home-Page (http://www2.informatik.uni-muenchen.de/tangos/msg03023.html). Allí encuentro Noches de Atenas, vals letra y música de Horacio Pettorossi compuesto en 1931. Quien ha enviado la letra usa el nombre Gaucho Belga; añade también una nota previa: “El autor actuó en Grecia en 1931 y allí compuso este vals. En 1932 acompañó a Gardel en la filmación de Espérame y Melodía de arrabal. En 1933 se suma al acompañamiento guitarrístico de Gardel, pero no es él quien lo acompaña en la grabación de este vals, sino un sexteto dirigido por Alberto Castellanos.” Transcribo:
Tus noches, Atenas,
me hablan de amor,
cual una bella canción.
Tu hermosa luna,con su fulgor,
acompaña mi dolor.
Fue una noche de mi Argentina,
noche divina, de ilusión;
ella juró que me quería,
yo no pensé que mentía...
Le di, en un beso, toda mi alma
y traicionó mi corazón.
Hoy son tus noches, Atenas,
que me recuerdan su amor.
Tus noches, Atenas, me hablan de amor,
cual una bella canción.
Tu hermosa luna,con su fulgor,
acompaña mi dolor.
Y así una noche de mi Argentina,
noche divina, de ilusión,
bajo un rosal, yo esperaba
a la que tanto adoraba.
Corrió una estrella...
pedí que vuelva...
Pero ella nunca más volvió.
Hoy son tus noches, Atenas,
que me recuerdan su amor.
Personalmente debo pedir disculpas a Pettorossi, pero la letra me parece muy floja. Cuando algo se llama Noches de Atenas, lo que al menos yo espero es que se me hable o se me sugiera algo típico (el mar azul, el Pireo, la Acrópolis, las islas, olivos, higos, bailes característicos). Pero aquí hay una despedida, una traición, una noche de luna, cosas que cualquiera puede encontrar en el Obelisco porteño. Si no entiendo mal, el romance del vals empezó aquí y no tuvo en Atenas la esperada continuación. En cambio Enrique Cadícamo, en Ave de paso, recrea, aunque sea de un modo difuso (¡está bien!) una atmósfera brasileña:
Adiós, muñequita de cobre,
muchacha morena, tu amor tropical
exhala en mi alma su brisa salobre
como una canción sentimental…
La luna de Río se queda
para que en las noches le cuentes que yo
pasé por tu lado, viajero incansable,
pasé por tu lado y dejé el corazón.
De cualquier forma, me alegro mucho de que mi amigo Daniel Antoniotti, de la Academia Porteña del Lunfardo, quien me había informado sobre este dato curioso de Noches de Atenas. Me sirve también como pretexto para otra curiosidad. En efecto Cristina Tsardikos, Presidente de la Asociación Cultural Helénica NOSTOS, me pasa otra. La gente de mi generación recuerda la película Nunca en domingo, con Melina Merkuri. Del film es el bellísimo tema Los niños del Pireo, compuesto por Manos Hadjidakis. Pues bien, Cristina me envió una versión, disponible en la Red, de Los Cinco Latinos, con la dulce voz de Estela Raval. Para quienes deseen escucharla: http://www.esnips.com/doc/6ca97287-158b-46e9-8e88-8ec7504be571/Los-Cinco-Latinos---Nunca-en-domingo/?widget=flash_player_esnips_blue . Para terminar esta nota, quise acercar mi granito de arena y se me ocurrió hacer una versión latina de la canción. En ella me pongo en el lugar de un latino amante de Grecia, que contempla el mar del Pireo y le pide a su amada, una joven helena de bella figura, que se case con él, que vivan juntos y tengan hijos en Atenas.

Litora maris percurrebam ludentis, gradientis ad album sabulum.
Lapillos legebam rotundos, iaciebam; saliebant, saltabant per undas.
Gaudens mirabar navicellas volantes, gaudentes, verrentes aequora.
Splendorem portabant Graecorum aeternum et sacrum omnibus populis.

O dulces portus, ubi mea dea habitat,
longis muris vallatus, portus Athenarum.
Ad thermopolium panes, pisces manduco,
vinum olentem bibo et mare me rapit.

A deversorii fenestella contemplor ludentes Piraei parvulos:
pila levitate currebat, currebant veloces parvuli angelici.
Sic aetas transibit nostrarum viarum, ut currunt rapida flumina.
Sed tempus venit iam sistendi, mihi crede. Et nobis adveniant parvuli!

Phidiaca puella, filia senis aquarum,
imple meam tristitiam dulcedine tua.
Utinam Athenis, gloria optima Graecorum,
brachiis in tuis suavibus vitam meam finiam!

Muchas gracias entonces a Pettorossi, a Daniel Antoniotti, a Cristina Tsardikos y a ti, querido lector.

RADULFUS

sábado, 7 de marzo de 2009

ESCOCIA EN MIS LECTURAS DE VERANO


Este último verano leí dos cosas que se relacionaban con Escocia y, al volver de las vacaciones, encontré en el correo electrónico un mensaje de Scotland in Argentina (http://www.scotlandinargentina.com.ar/symmetryesp.htm), un sitio de la Red dedicado a la cultura tradicional de Escocia y a su presencia en nuestra pampa. Dicho sitio me pareció interesantísimo y hecho con gran esmero. En fin, también me movió a referirme por escrito a mis libros estivales. Primero fue “Mackintosh”, de Somerset Maugham; tengo una antología de cuentos de este gran narrador, Historias de medio siglo (Barcelona, José Janés, 1956). Allí está esto:

“Lo curioso era que Walter permanecía completamente ajeno a la antipatía que cada mes iba creciendo en el ánimo de su subordinado. Aunque se burlaba de él, a medida que se fue acostumbrando a su compañía iba tomándole cariño. Tenía una cierta tolerancia con las particularidades de los demás y aceptaba a Mackintosh como un bicho raro. Quizá le fuese antipático inconscientemente, porque podía burlarse de él su humorismo consistía en burlas groseras y necesitaba un blanco a quien dirigirlas. Mackintosh, con su exactitud, su moralidad y su sobria conducta, le proporcionaba una fuente inagotable; además, su nombre escocés le brindaba la oportunidad de las bromas corrientes sobre Escocia. Pero cuando más se divertía era cuando había dos o tres personas delante y podía hacerlas reír a carcajadas a costa de Mackintosh. Solía también contar cosas ridículas de él a los indígenas, y Mackintosh, con su aún imperfecto conocimiento del samoano, sólo podía ver su risa contenida, sobre todo cuando Walter hacía alguna obscena referencia de él. Después sonreía con buen humor.
–He de decir esto en tu favor, Mac –le decía Walter con su áspero y violento tono de voz–. Eres capaz de aguantar una broma
–¿Pero era una broma? –preguntaba sonriendo Mackintosh–. No lo sabía.
–Escocés tenías que ser –respondió Walter con una carcajada–. Sólo hay una manera de hacer ver a un escocés una broma: por medio de una operación quirúrgica.” (pp. 17-18)

Siempre sueño con conocer los mares del sur, y especialmente en verano. Tal vez el deseo se deba a que mi patria Argentina es una especie de ínsula, algo demasiado fantástico como para ser real. Pero me apiado de los lectores y vuelvo al cuento. Poco y nada sé sobre el carácter de los escoceses. Me suena algo así como que las gentes de las tierras altas son más severas y parcas en su carácter. Si algo de esto es verdad, el tal Walter, que era un irlandés de Irlanda del norte, se hacía un festín bromeando a costa de su dependiente Mackintosh; parte de esta conducta se explica porque Walter era muy afecto a bebidas fuertes. No quiero decir el final, pero ya se ve que estos dos personajes celtas se habían alejado de sus islas de hadas y duendes, para ir a otras no menos maravillosas. De algún modo enloquecieron y esos les traerá la ruina, porque enloquecemos antes de morir; al menos así se dice aquí:

“La sonrisa que brillaba en los ojos de Mackintosh se reflejó entonces en sus labios, curvándolos dolorosamente.
–Quem deus vult perdere, prius dementat.
–¿Qué diablos es eso? –preguntó Walter.
–Latín –contestó Macintosh saliendo.” (p. 44)

En suma, en la isla de estos acontecimientos se hablaba inglés, samoano y hasta una mica de la lengua del Lacio. Pero la segunda de mis “lecturas escocesas” fue de Carolyn Keene, El indicio del gaitero silbador (Buenos Aires, Acme, 1964). El lector imaginará que tanto este como el anterior fueron comprados en librería de viejo (pagué por ambos el equivalente a un dólar). La heroína es Nancy Drew, una jovencita norteamericana con habilidades detectivescas. Sé que hay varios casos de ella y también que hay toda una literatura juvenil de chicos genios que desentrañan misterios. Como yo he sido tonto en mis años mozos (a decir verdad, nada he mejorado), no me gustan los chicos genios detectives ni los chicos genios espías, ni por escrito ni en la televisión. He leído uno o dos de ellos, cuando se trata de obras de antes. Como hombre decadente, no me llevo tan bien con los tiempos actuales y añoro esas épocas en que todo era más ingenuo. ¡Basta ya de esta necia filosofía! Digamos qué encontré en este libro. El caso de marras transcurre en Escocia.

Como es de imaginar, hay lagos, colinas y gaiteros, pero también música, pues Eloise, tía escocesa de la niña detective, recita las dos primeras líneas de una canción tradicional, “empleando el pronunciado acento escocés de las tierras bajas:
Scots, wha hae wi’ Wallace bled,
Scots, wham Bruce has aften led.
Contó entonces que la canción había sido compuesta por Robert Burns, el poeta escocés, para conmemorar la batalla de Bannockburn, librada en 1314.
–Desdichadamente –agregó– esas batallas era muy sangrientas. La letra dice así:
Escoceses, que habéis sangrado con Wallace,
escoceses, a quien Bruce a menudo condujo.” (p. 42)

Robert Burns, del s. XVIII, es el más famoso poeta en lengua escocesa. William Wallace, en el s. XIII, fue un escocés que dirigió a su país contra la ocupación inglesa. En la batalla de Bannockburn Robert Bruce derrotó a los ingleses, en las guerras por la independencia de Escocia. Más adelante, nuestro libro policial hace otra referencia histórica, pues están visitando el Palacio de Holyrood (fue originalmente una abadía y actualmente es la residencia oficial de la Reina, cuando se aloja en Escocia) y el guía menciona la unión de las dos coronas, “que acaeció a la muerte de la reina Isabel I de Inglaterra. En esa época, Jacobo VI era rey de Escocia; así fue como se convirtió también en el rey Jacobo I de Inglaterra.” (p. 96)

Y aquí me vino a la memoria una lectura anterior. En mis ya mentadas andanzas por librerías de usados compré varios volúmenes de The Royal readers. Eran unas antiguas obras (el que tengo en mano es el nº 4, de 1946) editadas por Thomas Nelson and Sons (London, Edinburgh, New Cork, Toronto, and Paris). Aunque escandalice a más de uno, abomino de casi todos los libros actuales de idiomas, llenos de ejercicios insípidos y de cosas de la vida cotidiana, que ya bastante nos fatiga con los media). En cambio los viejos estaban repletos de enseñanzas, pletóricos de geografía, de historia y, sobre todo, de bellísimos dibujos, grabados y elevados textos literarios: libros de cuarto grado traían fragmentos de escritores que hoy un alumno de quinto año apenas podría leer sin equivocarse). Vuelvo a pedir disculpas al lector por mi desenfrenado blablá y me concentro en “Bruce and the spider.” En efecto así se llama un poema de Eliza Cook, británica del s. XIX, que hay en ese viejo tesoro escolar (pp. 150-152). Cuenta esa historia que Robert Bruce desesperaba ya de su lucha por Escocia y buscó refugio en una cueva. Vio allí una araña que nueve veces repitió su intento de llegar a lo alto de la cueva, para poder desde allí tender su tela. Finalmente lo consiguió y Robert obtuvo de allí la ejemplaridad que nos cuenta la poetisa:

“Bravo! Bravo!” the king cried out;
“All honour to those who try:
The spider up there defied despair;–
He conquered, and why should not I?”

Esto se refleja en la vida diaria pues en alguna parte de las antiguas cajas, color gris plateado, del whisky Chivas Regal está la imagen de Bruce mirando a la araña. Pero termino con la historia de Carolyn Keene. Los villanos usaron una clave escrita en gaélico. Pues bien Nancy Drew busca desentrañar el enigma de estas palabras y para ello pregunta a Fiona, una chica escocesa que hablaba bien esa lengua celta:

“Fiona tomó un panecillo de una fuente que no habían quitado de la mesa y dijo: –Este es aran. Se pronuncia a-rran.
–¿Quiere decir pan?
–Sí –prosiguió Fiona–. Mañana iremos en un ló-ang. Se escribe long y quiere decir barco. En realidad, lo que vamos a tomar es un ferry-boat.
Nancy pestañeó excitada. ¡Súbitamente acababa de recordar que la palabra long figuraba en la nota hallada por ella en el cajón del escritorio!
–Fiona, ¿mall es una palabra? –preguntó.
–Sí. Se pronuncia ma-ul, y quiere decir lento.” (pp. 98-99)

Y la niña basó en esto parte de sus agudas pesquisas. En suma, tal vez esta novela detectivesca no sea la mejor, pero me enseñó varias cosas muy bellas de un bello país y me movió a aprender otras nuevas. Pero ahora voy a un tema mucho más humilde. En Argentina fue muy conocido el compositor popular Francis Smith. Murió el 11 de febrero de 2009 y su nombre verdadero era Francisco Brydon Smith, según informa La Nación en su edición del día siguiente. Sus canciones pegadizas fueron muy famosas en los años ’60 y ’70: Zapatos rotos, Otra vez en la vía, Estoy hecho un demonio y muchas otras. Smith, ‘herrero’, podría invocar diversos orígenes. En cuanto a Brydon, consulté con el Sr. Edmundo Murray, un escritor y estudioso argentino que vive en Suiza y es experto en la influencia irlandesa en América. Respondió que ese apellido le sonaba a escocés y me remitió al Rev. Jeremy Howat, presbítero anglicano que vivió en Buenos Aires y creó un sitio sobre los británicos en estas tierras (http://www.argbrit.org/). En efecto allí aparecen mencionados varios Brydon escoceses que se afincaron aquí. Agradecí tanto al Sr. Murray como al Rev. Howat sus informes. Poco después me vino a la memoria algo de diez años atrás: ¡yo había traducido al latín una canción de Francis Smith! El comienzo de De boliche en boliche era así:

De taberna in tabernam
perambulo noctem,
perambulo laetus.

Y una música me llevó a otra. Busqué en el sitio del Rev. Howat el apellido McCluskey (se escribe a veces con separación de prefijo). Y la Red vino en ayuda de mi desvalida memoria: “DON DEAN: Dean Mc Cluskey, americano de Oklahoma. Llegó a Argentina en los años 30, dirigiendo sus "Estudiantes de Hollywood". Debían proseguir su gira por Brasil, pero por una revolución en ese país permanecieron en Argentina. Dean conoció a su futura esposa, contrajo enlace y se radicó en el país, dirigiendo una gran orquesta que animaba los bailes en los salones más lujosos, como el Alvear y el Ambassadeur. Su tema característico fue precisamente "Bailando en el Alvear". En la foto de la derecha, con sus hijos Alex, Buddy, Patricia y Donald. Los mayores Buddy y Alex formaron los Mac Ke Mac's, mientras que los menores fueron solistas como Donald y Patricia Dean.” Esta información se halla en el muy buen sitio INTÉRPRETES ARGENTINOS (http://www.rockolafree.com.ar/ARG-D.htm#DonDean).

En fin, sepan perdonar los lectores si he mezclado lo sagrado y lo profano. En todo caso este humilde escrito sirve como testimonio de mi aprendizaje. Quizás Dios me conceda alguna vez la gracia de visitar algunos lugares del mundo celta. Por ahora debo conformarme con viajar con los libros (no es tan poca cosa) y con el trato con los celtas que viven aquí. A Jim Clark le decían The flying Scot: era ‘volador’, porque se deslizaba a velocidades fantásticas en su fórmula 1; también yo entonces puedo ser un poco volador y viajar a Escocia con la imaginación. Pero, poco después de escribir esto, tuve otra rara aproximación. Fuimos con mi mujer a visitar a Luis, un ex alumno mío que vive en Los Cardales, Provincia de Buenos Aires. Después de pasar un buen momento conversando y tomando el té ante el verde campestre, llegó el momento de la despedida. Luis e Inés, su mujer, nos obsequiaron unas cosas de platería del lugar. A mí me tocó nada menos que un precioso llavero de plata, obra del artesano Daniel Rojas, y que tiene hojas y flor de cardo, el emblema del lugar. Además de Los Cardales, pensé también en el célebre cardo de Escocia. En el sitio que cité antes, Scotland in Argentina, encuentro: “El Cardo – La Flor Nacional de Escocia. Es el emblema nacional de Escocia desde hace más de 700 años. Según la leyenda, hace mucho tiempo, los daneses invadieron Escocia sorpresivamente pero al no usar calzado y en la oscuridad, uno de ellos pisó un cardo y un grito agudo de dolor alertó a los escoceses y evitó una terrible matanza. A la planta que los salvó se la conoció como El Cardo Guardián.” En fin, esto es para quienes gustan de las coincidencias.


RADULFUS

martes, 24 de febrero de 2009

Canciones y cantores en la ODISEA

Por Enriqueta Frouté de Colantoni

INTRODUCCIÓN

La Odisea es un complejo relato de aventuras, centrado en un héroe que tiene dentro de sí un repositorio de relatos: historias similares a la del protagonista, historias que le sirven de contraste y variaciones que se abren en abanico sobre elementos comunes a unas y a otras. Hay paralelamente diferentes narradores –o cantores– que tienen a su cargo el hilo de la trama. Es necesario tener presente que, dentro de la tradición oral, el canto es el medio de transmisión del contenido, aun cuando algunos estudiosos crean que la Odisea, tal como la conocemos actualmente, es una obra pensada para la escritura.[1] Se advierten además, en las intervenciones de los distintos narradores, reflexiones explícitas o implícitas sobre la actividad creadora y sobre los valores de la poesía y sus fines. Se tratará, en este trabajo, de relevar esas situaciones y de rescatar este metalenguaje y la etiología del canto, tal como se presentan en la Odisea.

LA MATERIA DEL CANTO Y LOS CANTORES

¿Cuál es la materia del canto en la Odisea? Fundamentalmente, el itinerario de Odiseo, el más ingenioso de los jefes aqueos que marcharon a Troya. Los infortunios que padece en su viaje de regreso a Ítaca conformarán el argumento del canto. Sirviendo de fondo a esta historia, están los relatos de los otros regresos, de los demás nostoi.[2] Aventuras que tienen en común el punto de partida y el escenario marino del trayecto, que prueban a los héroes y los conducen de la victoria a la derrota o a la recuperación del reino perdido. El movimiento general es un desplazamiento de la periferia hacia el centro:[3] Odiseo viaja desde los extremos del mundo hacia su patria, para recuperar el hogar amenazado y el trono asediado por los pretendientes.

Vivamente contrastada con la historia de Odiseo, está la de Agamenón, particularmente en los cuatro primeros cantos: Telémaco viaja a Pilos y a Esparta para recuperar al padre perdido y lograr su ayuda para un reino en crisis. En esa situación, resulta ejemplar la historia del infortunado regreso de Agamenón a Mecenas y del hijo que llega demasiado tarde para salvar al padre de la muerte ignominiosa, preparada por el usurpador y la esposa adúltera. En la Telemaquia, el fin de Agamenón es una incitación a la acción para la inversión de signo en el resultado final.

La Telemaquia es también una preparación para la aparición del héroe, que domina con su ausencia el panorama de la acción: se habla de él y él es el centro de preocupación de los dioses y de los hombres. Se despliegan historias semejantes, con regresos felices, como los de Néstor y Menelao; especialmente esta última, que presenta dificultades y encierra un relato fabuloso, el de Proteo, como anticipo de las aventuras que afrontará más adelante el héroe.

Los relatos sobre la suerte de Áyax, Filoctetes, Idomeneo y Aquiles están en un plano más lejano y sirven de fondo a la línea principal de la acción. De estas historias se ocupan distintas voces; enana verdadera polifonía, toman el relato los dioses (Zeus, Atenea, Proteo); los sobrevivientes de Troya (Néstor, Menelao) y los héroes que ya están en el Hades (Agamenón y Aquiles). Estos cantores, ubicados dentro de la ficción en diferentes espacios, forman una estructura especular, dentro de la cual una historia se relaciona con todas las otras historias y donde un cantor siente el eco de los otros cantores. En el narrador se da la intersección entre los dos planos: el de la narración y el de lo narrado, tanto por la materia del canto, como por su origen divino.

Importantes son, para nuestro objetivo, los cantores profesionales que presenta Homero: Femio y Demódoco. En el palacio de Ítaca, Femio inicia un relato sobre los nostoi (1, 325 ss.) que Demódoco continuará en el rico palacio de los reacios (8, 487 ss.). Son variaciones sobre el mismo tema: Troya, sus héroes, sus aventuras y sus dioses. Es decir que cantan lo mismo que canta Homero. Este no se declara autor del relato, sino que le pide a una diosa que le dé su versión de los hechos: “cuéntame, oh diosa” (1, 1). Los otros aedos hacen lo mismo: ninguno de ellos canta por su propia capacidad técnica. Femio confiesa que canta por voluntad divina y se confiesa autodidacto: “Yo me he enseñado a mí mismo, que un dios me inspiró en la mente canciones de toda especie” (22, 347-348).

De Demódoco nos dice el narrador que: “La Musa le había concedido un bien y un mal: lo privó de la vista, pero le concedió el dulce canto” (8, 61-64). Demódoco es ciego para una determinada realidad, pero tiene el poder de instaurar otra con su propio canto. La especial relación del aedo con la divinidad es reconocida socialmente y se le concede un lugar de privilegio en los palacios: se lo ubica en el centro de las salas, apoyado en las columnas que sostienen el techo. Este carácter divino del canto inspirado le vale al otro cantor (Femio) el perdón de la vida en la matanza de los pretendientes (22, 344 ss.).

Valioso por la inspiración divina, tiene un efecto positivo sobre los hombres. En primer lugar, enfrenta a los actores con sus propias acciones y, al reconocerse en sus esfuerzos y dolores (sus patea), los oyentes se acercan a su propia verdad por el poder de la palabra que actualiza los hechos: Odiseo llora en el palacio de Alcínoo al escuchar la versión de su disputa con Aquiles (8, 83) y pide luego a Demódoco que le cuente la artimaña del caballo de madera, instrumento de la victoria para los aqueos (8, 492).

En segundo lugar, la areté es siempre merecedora de encomio y de imitación, en grado tal que Alción afirma que las desgracias de dánaos y troyanos se originaron con el fin de ser cantadas. De manera que no es el cantor el que presta relieve a la materia del canto inspirado sino que los dioses mismos originaron los hechos, para que sean ejemplo para los hombres, como historias dignas de ser contempladas (8, 579 ss.).

Sustituyendo a los cantores profesionales, el protagonista ocupa el centro y comienza a contar su propia historia en el racconto del palacio de Alción, que abarca cuatro cantos (IX-XII). Se ahonda aquí el plano de la narración, en el narrador y en lo narrado: se trata de un mundo más arcaico, poblado de monstruos y diosas, que se aleja en el tiempo; de las hazañas guerreras y del territorio conocido se remonta a los confines del espacio. En el canto XI confluyen la gloria del héroe y la del cantor, en la exclamación del rey de los reacios: “Tú das belleza a las palabras, tienes ingenio y, como un aedo, hiciste sabiamente la narración de tus crueles padecimientos y de los de todos los argivos” (11, 363-369).

Es en el relato de Odiseo donde aparecen cantoras divinas, cuyo canto no se vive como positivo, sino como amenaza. Será tarea del héroe el saber resistir esta seducción femenina, tal como lo había hecho en el relato de Menelao (4, 279 ss.). Allí Helena intenta hacer salir del caballo de madera a los griegos, llamándolos con la voz de sus esposas. Odiseo resiste y ayuda a los demás a resistir, impidiéndoles responder al llamado. Más que la materia del llamado, importa la cualidad de la voz, en esta extraña poliglosia que asimila a Helena con las otras divinidades: Calipso, Circe y las Sirenas.

Calipso es una ninfa que vive en una vasta gruta, en la remota isla de Ogigia. Este lugar apartado es un paraíso poblado por árboles de toda especie y regado por cuatro ríos. La ninfa canta en el interior de la gruta, mientras teje con lanzadera de oro (5, 68 ss.). La relación con la vegetación y con las aguas muestra a la diosa como administradora de un centro espiritual de la vida y la juventud eternas. Ella está, además, ubicada junto a una gran vid, la planta que produce un licor de inmortalidad.[4] Odiseo comparte sus amores, pero sólo como compañero de lecho. Es un paredro de la diosa, que se resiste a la boda sacra y añosa su tierra y su mujer, a punto tal que rechaza la oferta de Calipso.

Circe es la otra cantora divina. También ella teje y la trama de su tejido, como la de Calipso, está hecha con el hilo de la vida de los hombres. El canto que acompaña al tejido es el aspecto sonoro de la realidad visualmente simbolizada en el tejido: es la palabra que crea vida, es el recitado de la vida misma. Circe es una hija de Helios y su morada está en los confines del mundo. Ella no eleva a los visitantes a la altura de los dioses, sino que precipita en lo infrahumano. Ella degrada a los hombres a la condición de animal y los conduce a la muerte iniciática: indica a Odiseo el camino del Hades como única ruta de regreso y, al volver, él y sus compañeros habrán muerto en vida (12, 21).

Las entradas al paraíso y al infierno están marcada por dos mujeres seductoras, que intentan retener al héroe con sus amores. Su apariencia es falsa, ya que no son mujeres sino divinidades, y tienen extrañas habilidades canoras. Homero emplea para ambas el epíteto audéessa, ‘de voz canora’; y siendo audé la palabra en su aspecto musical y sonoro, su canto importa fundamentalmente por su cualidad (12, 150). Circe, por otra parte, “hace resonar todo el pavimento con su canto” (10, 227). Una tercera divinidad lleva este epíteto: es Ino-Leucótea, la diosa blanca del mar, que socorre al héroe en su naufragio y le facilita la llegada al país de los feacios. El epíteto ‘de la voz sonora’ se debe también a la Artemisa efesia, venerada como pótnia lýras.[5] Esta denominación se atribuía a la gran diosa mediterránea, de cuyos caracteres y atribuciones participan las tres divinidades que Odiseo encuentra.

Hay otras dos mujeres, esta vez con apariencia de diosas, que aparecen en relación con el agua: Nausícaa y la princesa lestrigona. La primera juega y canta junto al río y la segunda lleva un cántaro a la fuente. Nausícaa es comparada con Artemisa en medio de su cortejo de ninfas y la hija de los lestrigones pertenece a un mundo de gigantes. Son dos episodios paralelos a los de Calipso y Circe, pero en un plano menor. La princesa feacia hace una velada propuesta de amores al forastero: “ojalá a tal varón pudiera llamársele mi marido, viviendo acá; ojalá le pluguiera quedarse con nosotros” (6, 244-245). El rey mismo la refrenda luego: “ojalá tomases a mi hija por mujer” (7, 313). Esta tentación de vivir en la tierra de la edad de oro es también rechazada por Odiseo.

En el mundo de los lestrigones la aventura conduce al peligro de lo infrahumano: los lestrigones arponean a los compañeros de Odiseo como si fueran peces y los convierten en comida (10, 115 ss.).

LAS SIRENAS

El aspecto negativo del canto en grado sumo, como aniquilación y descomposición, ocupa un lugar central en la obra, con el episodio de las sirenas. Son éstas monstruos que “hechizan con el sonoro canto, sentadas en una pradera y teniendo a su alrededor enorme montón de huesos de hombres putrefactos” (12, 44 ss.). Como las diosas, se distinguen por la cualidad de su canto y, como los aedos, ocupan el centro.

En el arte funerario, aparecen sirenas con barbas,[6] lo cual muestra que había sirenas-hombres y sirenas-mujeres. El sexo femenino marca la atracción sexual vinculada con el canto como círculo mágico y el poder de vida y muerte asociado con la mujer en los antiguos mitos. Como las ninfas (y las musas), las sirenas están relacionadas con las aguas. Viven a la orilla del mar, en un lugar lejano, relacionado con la entrada al país de los cimerios –las ninfas están diseminadas por doquier y las musas aparecen limitadas al monte Helicón y a la fuente Hipocrena. También las sirenas introducen a los viajeros a un reino: el de la muerte. Con su canto encantaban a los que llegaban ante la reina de los infiernos, reduciendo la amargura de la muerte. Eran compañeras de Prosérpina, convertidas en monstruos luego del rapto, según un antiguo mito. Son deidades poderosas, con un cuerpo de pájaro, como antiguas figuraciones de la gran diosa mediterránea, y corona en la cabeza para señalar su poder.

¿En qué reside la atracción de las sirenas? Quizás en la sugerente cualidad de la voz, pero también en la materia del canto: “célebre Odiseo, gloria insigne de los aqueos” (12, 184). Las sirenas seducen adulando y los hombres se pierden a sí mismos, contemplando su propia imagen reflejada en un espejo, como Narciso.

Ellas prometen recrear a los hombres, aliviarlos: “nadie ha pasado sin que oyera la suave voz que fluye de nuestra boca, sino que todos se van después de recrearse con ella” (12, 186-187). Las sirenas mienten, ya que está a la vista de todos la muerte que producen; sin embargo atraen con triple promesa: belleza de la voz, recreación y sabiduría. Los hombres se van sabiendo más que antes (cf. 12, 187-188).

¿Pero cuál es el argumento de su canción? No es otro que el relato de Odiseo y que el relato de Homero. En un tercer nivel de profundidad, ellas narran la misma historia: “Sabemos cuántas fatigas padecieron en la vasta Troya argivos y teucros, por la voluntad de los dioses, y conocemos cuanto ocurre en la tierra fértil” (12, 190-192). La tentación de las sirenas alcanza al héroe y al cantor: a Odiseo como narrador de su propia geta y a Homero, en cuanto es peligro mayor del cantor el complacerse en su propio canto y en creer en su omnisciencia. Saberlo todo es una forma de ser como dioses, por apropiación de la sabiduría, que es una potestad divina. Es una forma de ser dioses o de creer serlo. Pero la sabiduría asociada al propio canto y a la propia canción es una mentira dicha por un monstruo que arrastra a la muerte. Quedar atrapado en el canto es la amenaza del cantor; si sucumbe a ella, morirán uno y otro, atrapados en su propia vacuidad y falta de trascendencia.

LA RECUPERACIÓN DEL CENTRO

La intervención del protagonista como narrador se incrementa a su llegada a Ítaca. La tierra de los feacios ha sido un lugar de paso en el movimiento general del relato que va de la periferia al centro. Es también un lugar intermedio entre lo divino y lo humano. Es interesante considerar que el tránsito de uno a otro plano se realiza mediante el sueño, estado límite entre la vida y la muerte. En la relación vigilia-sueño hay, además, un paralelo realidad ficción, por ser el mundo del sueño una imagen especular del mundo en el cual vivimos.

Estos planos se implican mutuamente y la periferia y el centro son semejantes: la gruta de las ninfas, como la de Calipso, tiene apertura a lo divino. En la gruta de Ítaca hay agua fecundante, telares de las diosas (con la tela purpúrea del rey) y un panal de abejas. Las abejas, asociadas a las ninfas, marcan aquí la gloria del héroe y su canto, a los que aseguran la inmortalidad.[7]

Las historias de Ítaca son las del pseudo-cretense. En un relato alternativo, Odiseo relata una historia con apariencia de verosimilitud: es un cretense, hombre rico y guerrero destacado que hizo incursiones a Egipto, pero que fue apresado y esclavizado por imprudencia de sus compañeros. Sabe reponerse, porque es hombre de recursos, y alcanza riquezas, que quedan en depósito en el país de los feacios (o de los tesprotos), pero resulta engañado por piratas fenicios. La historia se va desgranando de a poco: a Atenea-pastor (13, 256 ss.), a Eumeo (14, 192 ss.), a Antínoo (16, 415 ss.) y a Penélope (19, 172 ss.). Son relatos antiheroicos que contrastan con lo narrado en el país de los feacios. El derrotero de esta odisea alternativa es el territorio conocido del sur y del este, y las amenazas provienen de los hombres que lo habitan (fenicios, egipcios, tesprotos). Odiseo se enmascara en el relato, tal como lo está en el exterior, convertido en viejo y en mendigo. En dos situaciones paralelas se enmascara el protagonista antes del asalto final: entra a Troya disfrazado de mendigo (4, 245 ss.); entra a su tierra y a su palacio de la misma forma. Se hace inofensivo para lograr eficacia; baja para ascender.

El terreno intermedio es la casa del porquerizo, lugar hospitalario donde se desarrollo en amplitud la historia del pseudo-cretense y llega al punto más alto este tipo de canto utilitario. Particularmente interesante es el segundo relato a Eumeo: la emboscada nocturna a los troyanos (14, 462 ss.). Allí confluyen los dos: mendigo y héroes; y los dos Odiseas: el narrador y el protagonista. La historia es la siguiente: transido de frío por carecer de manto, el pseudo-cretense le dice a Odiseo que está a punto de morir congelado. Por toda respuesta, Odiseo le pide silencio y finge haber tenido un sueño premonitorio sobre la necesidad de pedir refuerzos a las naves. Toante se desprende del manto y corre hacia el campamento de los aqueos, circunstancia que aprovecha el pseudo-cretense.

Inmediatamente pasa a señalar igual necesidad a su receptor y Eumeo le alcanza unas pieles para cubrirse, en premio por el relato: “porque la historia que acabas de hacer es irreprensible y nada has dicho que sea inútil o incoherente” (14, 508-509). Los narradores y la narración se implican, gracias a una caprichosa elaboración del tiempo, que zigzaguea constantemente entre el presente, el pasado y el futuro. Odiseo y el tono del canto han descendido para elevarse. En la serie de anagnórisis que preceden al triunfo final, el héroe avanza hacia su centro: el lecho nupcial construido con el olivo sagrado que es eje y sostén de su palacio. Allí recupera a la reina y el canto vuelve a elevarse y a retomar el signo ejemplar: Odiseo vuelve a ser el héroe que desdeña a las diosas y puede evitar a las sirenas. Ha perdido la posibilidad de una eternidad desdichada, para reintegrarse a la felicidad humana junto a la esposa-reina, bajo la protección divina.


[1] FERNÁNDEZ GALIANO, Manuel, “La tradición homérica”, en Introducción a Homero. Madrid, Alianza, 1963.
[2] Para mayor comodidad tipográfica, translitero (sé que imperfectamente) los caracteres griegos. [Nota del editor.]
[3] VIDAL-NAQUET, Pierre, “Land and sacrifice in the Odyssey”, en The black hunter. London, The Johns Hopkins Univ. Press, 1984.
[4] ELIADE, Mircea, Tratado de historia de las religiones. México, Era, 1981, p. 260. Compara a Calipso con Siduri, la muchacha que ofrece el licor de la inmortalidad a Gilgamesh.
[5] UNTERSTEINER, Mario, Le origini della tragedia e del tragico. Torino, Einaudi, 1955, p. 122.
[6] KERÉNYI, Karl, Gli dei e gli eroi della Grecia, III. Milano, Garzanti, 1988, p. 56.
[7] OTTO, Walter. “Las ninfas”, en Las Musas. Buenos Aires, Eudeba, 1981.

viernes, 13 de febrero de 2009

VERSITOS AD MAJOREM GLORIAM


Estamos acostumbrados a escuchar versos –a lo mejor debería decir rimas– en diversas circunstancias. Mi memoria es frágil, pero reviven los sones de antes, como este:

Sastrerías Casa Vega:
usted lo ve, lo prueba y se lo lleva.


O estos otros:

Casa Muñoz,
donde un peso vale dos.

Peines Pantera,
peinan la vida entera.

Usted camina, camina y camina...
Y al final compra en Sadima.

O estos, veraniegos, de las largas vacaciones de antes:

Viaje feliz, y a no olvidarse:
lleve alfajores Balcarce.

Se va hoy, se va mañana:
lleve alfajores Havanna.

–¿Dónde está el jamón?
–En Jara y Colón.

O este, también veraniego pero sin rima:

Viaje a Mar del Plata sin valijas:
Tienda Los Gallegos tiene de todo.


O este otro, tan lindo en la nostalgia:

–¿Con qué pintas, Albertito?
–Con pinturas Pajarito.
[i]

Algunos versitos tenían música. Citaremos solo estos, famosísimos.

Piedra China,
Piedra China:
hace bien, es mejor,
quita las durezas,
callos y esperezas
sin dolor, sin dolor.

“¡Qué lindos que son tus dientes!”
Le dijo la luna al sol,
y el sol contestó sonriente:
“¡Ja, ja! Me los limpio con Odol.”
[ii]

En todas partes lo contemplan
con admiración,
pues no hay ninguno que supere
su inmenso valor:
es para todos el primero,
el auténtico vaquero,
es el vaquero Far West.

Los niños juegan y juegan y juegan,
van de paseo, van a la escuela,
con los soquetes y con las medias
Ciudadela.
[1]

Por la vida contento voy
saboreando el rico Mantecol.
Por su agradable gustito,
es la alegría de los grandes y los chicos.

Un aire musical muy griego, ciertamente, pues la empresa que produce todavía hoy ese mantecado macedónico es Georgalos, de pura cepa griega. No puedo omitir los que me recuerda Daniel Antoniotti, miembro de la Academia Porteña del Lunfardo, Licenciado en Letras y gran bibliófilo, con y sin música:

Como doña Prudencia,
compre en muebles Independencia.

Si su piloto no es Aguamar,
no es impermeable,
se lo puedo asegurar.

A mí me encanta
usar Abanta.

Aclaremos, para los jóvenes, que Abanta era un talco para niños.[iii] ¿Pero solo en la publicidad se usaban estos versitos mnemotécnicos? No, por cierto, pues el refranero los trae, y entre muchos puede servir de ejemplo este que hay en el Pygmalion de Shaw: a friend in need / is a friend indeed. Como veremos, también se habían usado antes en clase; específicamente en clases de latín y de griego.

Mi primer recuerdo es el del querido Gerardo Pagés, de la Academia Argentina de Letras, quien solía recitar: “Quien bien conjuga y bien declina, / aprende la lengua latina.” También yo suelo repetir esa frase a los discípulos que se inician en latín, aunque no sé si ella tiene toda la verdad; sin embargo, no hay duda de que pro toto prima operis pars, según decía el poeta Ausonio. En todo caso, siempre me doy el gusto de añadir un versito de mi autoría, que tiene algo de Lunfardo:

Quien conjuga mal
y declina mal,
suena en el final.

Para las desinencias personales de los verbos, siempre enseño unos versitos, fruto de mi menguado ingenio. Para voz activa:

Mo, ese, te,
mus, tis, ene te.


Para pasiva:

Ere, ris tur,
mur, mini, ntur.

Cuando enseño perifrástica pasiva, suelo decir:

Cuando hay gerundivo,
el agente va en dativo.


Para características del clima mediterráneo:

En agosto,
frío en rostro
.[iv]

Hasta el cuarenta de mayo
no te quites el sayo
.[v]

El extinto y eximio profesor Elso Darío Di Bernardo recuerdo que, con el antiquísimo cada oveja con su pareja (más me suena a un verso con rima interna que a dos), nos ayudaba a aprender que el dativo y el ablativo plurales son iguales entre sí. Pero esto es ayer; mucho tiempo antes se usaban también los versitos para aprender la dura gramática. ¿Y quién no ha escuchado petaca bodega, para aprender la sonorización de las sordas intervocálicas? Recuerdo también lejanamente algún verso que se empleaba para memorizar las figuras del silogismo, en lógica: Barbara, Celarent, Darii, Ferio / Cesare, Camestres, Festino, Baroco etc.[vi] Incluso hoy veo que los alumnos hacen su propio versito, para estudiar pronombres personales: ego me mei mihi me, tu te tui tibi te, se sui sibi se. Recuerdo también haber leído, creo que en una viejísima edición de la gramática de la Real Academia, una cita de don Tomás de Iriarte que bien sirve para distinguir adverbios de nexos:

¿Por qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo?
Porque donde, cuando como, sirven mal,
me desespero.

Pero ahora vayamos a mi biblioteca, nutrida en buena parte por libros de viejo. En uno de ellos el autor[vii] nos menciona una obra muy rara. Un tal Bachiller Tamara publicó en Amberes, en 1550, una Suma y erudición de Gramática en verso castellano. Un ejemplar del mismo se halla en Madrid, en la Biblioteca Nacional. Dice Díez Echarri: “el libro se reduce a una gramática latina, expuesta en coplas de arte mayor y algunas quintillas, porque ya nos advierte en el prólogo que así, en verso, ‘más fácil se percibe y más perpetuamente se retiene por la medida y orden y consonancias que lleva’. Las coplas, en general, son detestables; bien es verdad que la materia se presta muy poco a lucimientos poéticos. Véase una muestra relativa a los supinos:

Bi del pretérito en tum mudaras,
ci en tum, di en sum. También formaremos,
gi en tum, li en sum, así la pondremos
mi en ptum, ni en tum, supino daras,
pi en ptum, ri en sum, no menos veras,
qui en ctum, si en sum, tu se lo pone,
psi en tum, ti en tum, mudando dispone,
xi en ptum, assi mesmo leyendo hallaras.”
[viii]

Aparte de diferencias ortográficas y de puntuación con nuestro español actual, confieso que no entiendo el último verso: los verbos que hacen perfecto en –xi tienen, según mi ciencia nada gaya, supino en –ctum. No importa cuán pesado era este bachiller; lo que nos interesa es mostrar que nuestra práctica de usar versitos en la enseñanza tiene ya sus años.

Mi babélica biblioteca alberga otra rareza. Es un Curso elemental de gramática griega / seguido / de la gnomologia / que comprende todas las raices griegas / para / facilitar a los jóvenes el conocimiento del idioma. Su autor, “D. FERMIN MOLINA / Presbítero de las Escuelas Pias.”[ix] Añado dos naderías. Una, que su precio de librería de usados todavía figura en lápiz: quince australes (¿era mucho o poco eso en el período que va de 1986 a 1989?); otra, que su dueño anterior a mí, a juzgar por la firma, fue un tal A. Pérez Otero.

En el Prólogo leemos: “He puesto en verso muchas reglas, que esplicadas en prosa no podrian ser tan fácilmente aprendidas. Algunos SABIOS del dia censuran como PUERILIDAD, la tal esposicion en verso de los preceptos gramaticales. Sea en buen hora: pero si los niños los aprenden i los entienden fácilmente... me atengo al resultado. En esto he seguido el sistema de mi sabio maestro i me hé utilizado de su trabajo.”[x]

Una muestra puede verse al principio de su Gramática, pues allí enseña un dístico griego que “contiene todas las letras del alfabeto.” Esos versos son de sentido algo forzado; por comodidad tipográfica no los copiamos, pero los traducimos: “Alma, mira hacia lo alto: olvídate de todo. / Que el cuerpo no te venza, arrastrándote a la oscuridad.”[xi]

Copio este, para los verbos mudos:

1. Al futuro las labiales
pso darán i fa al perfecto:
2. xo con xa las guturales:
3. i so simple con ka toman
las vocales y dentales
.[xii]

Hay otros versitos más; en este que citamos, como se ve, transliteramos los griegos. Pero ahora vayamos a otro libro que adorna mis estantes. Tengo una 2ª ed. de una Gramática Latina / Segunda Parte. = Sintáxis. / Tercera. = Prosodia y Arte Métrica. / Cuarta. = Ortografía. Su autor era lógico que fuera latinista, pues se llamaba Don Ulpiano Gomez Calderon, quien se desempeñaba como catedrático de dicha asignatura en el Instituto de Oviedo.[xiii] También él gusta de los versitos gramaticales, y los hay en gran número en este raro libro. Por ejemplo, este soneto dedicado no a una amada petrarquesca, sino a los intransitivos con acusativo.

Si bien de griega estirpe locucion,
Intransitivos hallareis que rigen
Acusativo de cognato orígen.
O á lo ménos de análoga acepcion.

Los que del alma expresan emocion,
Como gaudeo y demás que se coligen,
Acusativo alguna vez eligen,
Saliendo de su neutra condicion.

Suelen llevar el mismo complemento
Los verbos que denotan movimiento,
De trans compuestos, circum, praeter, per;

Y otros tambien, cual sapio, sono et oleo,
Mano, propero, sudo atque redoleo,
Como en verso ante todo puedes ver.
[xiv]

Para los latinistas, la primera estrofa se refiere a los intransitivos cognatae significationis, al modo de vivere vitam o de servitutem servire. Como vemos, para que la métrica dé, oleo y redoleo deben leerse a la manera latina, pero haciendo una sinéresis. Destaquemos que el v. 13 está íntegramente en latín, aunque tal vez sea excesivo comentar el estro poético que nos ocupa. Un caballito de batalla de los profesores son las completivas dependientes de verba timendi. Pero oigamos cómo nos ayuda el maestro Don Ulpiano:

Los verbos de temer y recelar,
Como son los que siguen, timeo, paveo,
Extimesco, formido, vereor, caveo,
Subjuntivo con ne deben llevar,
No habiendo en el regido negacion;
Y con ut, si la hubiere, ó con ne non.

No voy a citar ejemplos (Brevitatem deam veneremur), pero también hay versitos didácticos en otro libro raro que tengo: Grammatica delle due lingue italiana e latina, di Francesco Soave, ridotta a nuova forma dal professore B. Pisoni, per uso dei ginnasi della Lombardia; parte quarta per la quarta classe. Milano, Regia Stamperia, 1858. Sin embargo, no se crea que solo al griego y al latín se confinaban tales ingeniosidades del Parnaso. En un antiguo libro de inglés leo el poema “Grammar in verse”, de J. Barker:

The articles are a, an, and the–
As, a lamp, an apple, or the tree,
A noun is the name of anything–
As, a book, a ship, a house, a ring.
An adjective qualifies a noun–
As, a pretty maid in a handsome gown.
Pronouns are used instead of nouns–
As, though John laughs, he often frowns.
A verb expresses something done–
As, to walk, to sleep, to write, to run.
An adverb modifies a verb–
As, how stately grows that fragrant herb!
Prepositions introduce a phrase–
As, we came to town to see the plays.
Conjunctions join the words together–
As, wind and rain, and stormy weather.
An interjection shows surprise–
As, oh! I’ve got a lovely prize.
[xv]

Todos recordamos la feliz niñez con:

Treinta días tiene septiembre
con abril, junio y noviembre.
Los demás, de treinta y uno,
menos febrero mocho,
que tiene veintiocho
.[xvi]

Mas la versión inglesa es más completa, según me informa otro empolvado libro de mi biblioteca:

Thirty days have September,
April, June and November;
to January add another day,
also to August, March and May,
July, October and December.
To February twenty-eight assign
and in leap-year, twenty-nine.
[xvii]


No sé cuánto vale hoy la memoria, si apretando el teclado tenemos en el acto la información. Al menos en los exámenes de griego los alumnos que conocen de memoria el enunciado sós, sé, són no traducirán ‘gusano’ en vez de ‘tuyo.’[xviii] Por otra parte, los versitos son nada más un caso particular de la ejercitación mnemónica, que también se basa en relaciones. En las clases de latín, para explicar los complementos de lugar, casi todos hemos escuchado la relación con Quo vadis. Me viene a la memoria, por fin, otro antiguo profesor, Virgilio Oscar Sordelli, quien nos retaba con palabras parecidas a estas: “Si ustedes pueden aprender los nombres de un equipo completo de fútbol, no hay razón para no estudiar de memoria los nombres de las nueve Musas.” Tenía razón; y tal vez también teníamos razón nosotros, pues todo es cuestión de interés. No sé sacar conclusiones acerca de lo que me acaba de dictar Mnemósine, pero tal vez pueda proponer algún camino hacia ellas: la escuela siempre estimuló el cultivo de la memoria; los media también lo hicieron en algún momento (en verdad, incluso lo hacen hoy, época de versos sui generis), con una de las armas tradicionales: la rima.



[1] El 7 febr. 2009 Fernando Sorrentino, prestigioso narrador, me aporta: “ A tus Versitos ad maiorem gloriam querría agregar estos dos:
Casa Lamota, donde se viste Carlota.
–Buscate novia, casate...–¿Y la casa...?–¡La pintás con Albamate!
Me permito señalarte que los calcetines son soquetes y no zoquetes (= mendrugos).” Como el lector imagina, cometí el error de escribir con z. En efecto la Academia me informa que soquete es regionalismo americano y que viene del francés socquette. Agradezco a mi cultísimo amigo la enmienda.
[i] También recuerdo la paráfrasis humorística del programa Telecómicos (no recuerdo ahora si en su versión televisiva o en su versión radial): –¿Con qué pintas, Albertito? / –Con pinturas Pajarito. / –¿Con qué pinta, don Ramón? / –Con pinturas Pajarón.
O estos otros: –Use jabón Pampero: / –le saca la mancha y le deja el ahujero [sic].
–Coma empanadas Carlota: / –usted la ve, la toca, y explota.
–Fume cigarrillos Mataco: / –sin humo, sin papel y sin tabaco.
[ii] Agradezco el recuerdo a mi amigo Luis Ángel Castello. Por otra parte, en Telecómicos hubo una variante jocosa: “ ‘¡Qué lindos que son tus dientes!’, / le dijo Rucci a Perón, / y él contestó sonriente: ‘¡Ja, ja! Me los limpio con formol.’ ”
[iii] Para que no se crea que esto ha dejado de existir, resuenan con frecuencia, en los comerciales de transmisiones radiales deportivas, estos versos musicados (mutatis mutandis): “Es La Salteña / el pan para su mesa, / para el más rico pancho / y la mejor hamburguesa. / Es La Salteña / en panes lo mejor, / porque lo hace / la gente de Alijor.”
[iv]http://culturitalia.uibk.ac.at/hispanoteca/Proverbios%20y%20refranes/El%20a%C3%B1o%20de%20refranes.htm .
[v] http://www.meteored.com/RAM/numero32/refranes_junio.asp .
[vi] http://www.mercaba.org/Filosofia/summa_02-3.htm .
[vii] Emiliano Díez Echarri. Teorías métricas del Siglo de Oro. Madrid, CSIC, 1949.
[viii] Ob. cit., p. 63.
[ix] Escuelas Pias Americanas, Colegio de San Martin, 1878 (impreso en Buenos Aires).
[x] P. 5. El maestro a quien cita es P. I. Palacios, Escolapio, autor de una Gramática griega elemental.
[xi] P. 9.
[xii] P. 59.
[xiii] Oviedo, Imp. y Lib. de Vicente Brid, 1882.
[xiv] pp. 70-71.
[xv] En: Rankin Wenlock. Preparatory English course; For foreign students. London, Macmillan, 1937, p. 68. Según mi experiencia de papá, las maestras de inglés suelen enseñar canciones para aprender el alfabeto y algunos otros elementos de la lengua. Miss Money, personaje de una simpática novela, cantaba a sus alumnos una tonadilla para que aprendieran a deletrear la palabra difficulty: “Mrs D, Mrs I, Mrs FFI / Mrs C, Mrs U, Mrs LTY ” (Roald Dahl. Matilda, New York, Puffin Books, 1998, p. 147).
[xvi] Cf. http://www.educa.aragob.es/cpmsfrag/docs/Portada%20refran.doc .
[xvii] Josefina Molinelli Wells. My english book, part I. Buenos Aires, Ferrari Hnos, 1933, p. 32.
[xviii] Como les pasó a antiguos alumnos míos de griego, pues confundieron el femenino del posesivo griego de segunda persona con sés, ‘gusano’ (pido perdón a los helenistas por tan imperfectas transliteraciones).

lunes, 2 de febrero de 2009

Ida y vuelta entre lo popular y lo culto

Las fronteras entre lo popular y lo culto nunca estuvieron bien marcadas. Solo me ocuparé aquí de algo popular muy personal mío, pero tengo la esperanza de que pueda gustar a otros. En todo caso esos posibles interesados deben gustar de ciertas modalidades de la música popular y, a la vez, de la tradición clásica. Es verdad que hay pocas personas de estas características, pero a mí me basta una sola (no obstante, me consta que hay un pequeño puñado de ellas). Para no demorar, comentaré aquí un poco ciertas versiones latinas de creaciones populares. Ellas, para bien o para mal, son obra mía. Por último, un vesre: algo popular pasado a culto.

Digamos algo antes acerca del género. Muy poco, porque ya escribimos sobre ello en otra ocasión.[1] Lo importante es que no soy el primero, ni mucho menos, en traducir al latín canciones populares. Otros lo hacen y lo han hecho, aquí y en el mundo. En lo personal, como novedad puedo decir que el Dr. José María Kokubu, odontólogo y cantante de tangos que usa el nombre El Ponja Malevo, me ha manifestado su deseo de interpretar Lux tenuis (mi versión latina de A media luz). Menciono además a Fernando Sorrentino, prestigioso profesor y escritor; escribió cierta vez una nota sobre mis versiones, en la publicación virtual española El trujamán.[2] No digo esto por jactancia (al fin y al cabo se trata de una musa menor), sino para mostrar que hay gente con interés en estas nugulae. Transcribo esta versión latina de un conocido tango:

VIEJO SMOKING – TOGA VETUS

Vide attente: insula mea.....................Campaneá cómo el cotorro
ecce caret universis,............................va quedando despoblado,
divitiae omnes sunt grabatus.............todo es lujo en la catrera
–non anser– mega fronon.................. compadreando sin colchón.
Vide quam puer sim pauper,..............Y mirá este pobre mozo
famam omnem iam perdidi,................cómo ha perdido el estado,
tristis, amarus, siccatus,......................amargado, pobre y flaco
ut feles rusticanus.................................como perro de botón.
Sensim omnia bona mea...................... Poco a poco todo ha ido
praecipitia in sub hastam,....................de cabeza pa’l empeño;
hora erat iam impluvii,........................ se dio juego de pileta
natandum erat mihi..............................y hubo que echarse a nadar.
Tu solum quod nobis restat,................Solo vos te vas salvando,
quod mihi somnium repraesentas,..... porque pa mí sos un sueño
a quo, hercle, di me perdant,.............. del que quiera Dios que nunca
numquam, numquam expergiscar..... me vengan a despertar.

Toga vetus, o tempora,........................Viejo smoking de los tiempos
optime in amore luctabar,...................en que yo también tallaba,
multae korae vere amasiae............... ¡cuánta papusa garaba
in tuos sinus fleverunt........................ en tus solapas lloró!
Sinus albi refulgentes......................... Solapas que con su brillo
solem ipsum obscurabant,................. parece que encandilaban,
semper passim exhibebant................porque donde iban sentaban
auream formam Ovidianam.............. mi fama de gigoló.

In arena ego pugnavi......................... Yo no siento la tristeza
sed scio me victum esse,................... de saberme derrotado
non est mihi amara nostalgia............ y no me amarga el recuerdo
praeteriti grandoris;.......................... de mi pasado esplendor;
non me paenitet drachmarum......... no me arrepiento del vento
non me paenitet annorum.................ni los años que he tirado
sed lugeo quia sum solus................... pero lloro al verme solo,
nec amicos numero. ..........................sin amigos, sin amor;
Manu careo quae me iuvet.............. sin una mano que venga
in acerbo hoc luctamine,.................. a llevarme una parada,
et puella quae me laetet................... sin una mujer que alegre
in meo misero victu… .......................el resto de mi vivir.
A, tempus erit, te plicabo................ Vas a ver que un día de estos
et de te pulvinum faciam..................te voy a dejar de almohada
et pauperculo grabato...................... y, tirado en la catrera,
lene moriturus sum. ........................me voy a dejar morir.

Toga vetus, quam frequenter.........Viejo smoking, ¡cuántas veces
illam kalen saltatricem................... la milonguera más papa
in sinu tuo splendenti.......................el brillo de tus solapas
detersisti a cerussa. ........................de estuque y carmín manchó!
Sicarius dum eram ego, ..................Y en mis desplantes de guapo,
udus fletibus puellarum, ................¡cuántos llantos te mojaron,
multus gladiator invidit..................cuántos taitas envidiaron
meae famae Ovidianae. ..................mi fama de gigolo!


La idea de bulín se me ocurrió que podía ponerse como insula, es decir uno de esos departamentos de alquiler, para gente humilde, que había en la Roma antigua. Respecto de anser, ignoro si los romanos usaban pluma de ganso para sus almohadas; en todo caso, se trata de una arbitraria relación con el lujo de la catrera. Sobre compadrear, ese lunfardo es expresado, de modo amplio, en griego.
Como se ve, la expresión “perro de botón” no fue vertida ad litteram. En efecto me vino a la memoria un dicho popular que no puedo documentar, el que dice que alguien es “ordinario como gato de rancho”; esto me pareció apropiado para caracterizar a un gigolo venido a menos. Tampoco ahí fui literal, pues dije ‘gato de campo.’ Sobre siccatus, creo que no es tan oscuro el juego que hice con seco con el sentido de ‘pobre’, común entre nosotros.

La noción de empeño la expresé anticipándome, en latín, a lo que haría después el español, sustantivando sub hastam, pues en la antigua Roma las subastas se anunciaban con una lanza clavada en tierra. La palabra pileta, que usamos en vez de piscina, la puse como impluvium, que era justamente ese reservorio de la casa romana hecho en el centro del atrio, para recibir el agua de lluvia que caía por el compluvium. Estas audacias expresivas deben mirarse con benevolencia, pues buscan sobre todo el humor.

De los versos que siguen, subrayo la traducción de ‘sueño’. En efecto, el latín distingue entre somnus, ‘sueño’ (sommeil), y somnium, ‘visión durante el sueño’ (songe, rêve). Para el primer sentido, el griego usa hypnos; para el segundo, el Critón[3] platónico y otros textos que traen los diccionarios,[4] enýpnion. El guapo acabado de nuestro tango tiene una “ensoñación” de las glorias de su vida pasada.

Sin duda la traducción toga para smoking no es exacta, pues la vestimenta característica romana no llevaba necesariamente la idea de traje de gala o de ocasión especial, que para nosotros suele llevar. Otro tema puede ser cómo poner en latín palabras lunfardas. La solución que más de una vez propuse es acudir al griego, que para los romanos cultos era más que una segunda lengua: era la que habían aprendido de nodrizas griegas, por connaturalidad, lo mismo que en nuestras tierras americanas algunas familias hacían para que sus hijos “nacieran” con el francés. Korae como ‘muchachas’ a lo mejor no es tan raro, porque muchos conocen las columnas en forma de doncellas, que sostienen el Erecteón, en la Acrópolis. Otro punto de esta estrofa es mi referencia a Ovidio, poeta y hombre de mundo que fue castigado con el destierro por el emperador Augusto, allá por los comienzos de nuestra era. Nuevamente apelo a la indulgencia del lector, pues seguramente Ovidio no era un gigolo, palabra que no es académica, pero que algunos definen ‘rufián.’[5]

El taita que se siente derrotado, en su vejez, me pareció que podía ser comparado con un gladiador retirado, derrotado también por el tiempo inapelable. En todo caso ambos personajes (el del tango y el mío, que es por supuesto de estatura ínfima) pliegan sus míticas vestimentas, las hacen almohadas y se echan a dormir, para esperar el final. No es mi intención aburrir con citas clásicas, pero confieso que me divierte mechar alusiones literarias en mis versiones. Aquí hay una a un texto muy conocido, pues cuando el gladiador dice nec amicos numero, pensé sin duda en el célebre dístico de Ovidio:

Donec eris sospes, multos numerabis amicos:
tempora si fuerint nubila, solus eris.
[6]

Para resumir, mi versión latina de este tango puede considerarse una traducción en extremo libre, y cantable; está ambientada también, de un modo sui generis, en un mundo romano literario, imaginario. Indudablemente con el tiempo fui cambiando el modo de hacer mis versiones latinas. Primero eran traducciones más o menos fieles; luego, traducciones muy libres, como el ejemplo que acabo de mostrar. Finalmente (y ya llevo algunos años), puedo decir que no hago casi traducciones sino adaptaciones o recreaciones, siempre cantables con la melodía popular correspondiente. Una sola muestra es mi visión de un muy célebre tema del cantante Leo Dan, en los años ’60.

SANTIAGO QUERIDO – CARTHAGO DILECTA

Santiago querido, ..............Carthago dilecta,
Santiago añorado,..............Carthago somniata,
en ti yo he soñado, ............iam ad te revenio,
tú a mí me has dado......... quod mihi tu dedisti
todo lo más puro............... Asianum stilum
de mi corazón. ...................plenum floribus.

Por ahí cuando escucho ....Et semper revoco
una chacarera ....................Apologeticum;
me acuerdo del pago......... Marcianum Capellam;
-no es la vez primera-....... magum Apuleium;
y pienso en Santiago ..........doctum Hipponensem,
queriendo volver. ...............Filium Monicae.

Hoy te canto yo desde aquí,....Hei! Versibus celebro te,
te canto como un crespín........ te cano tristis olor
que pronto quiere volver........ nostalgia tua moriens.
a Santiago... ..............................Ah, Carthago...


Muy importante es la literatura latina que floreció en el norte de África. Sin duda el centro cultural de esa región era Cartago. No es la ciudad fenicia, sino la que los romanos fundaron en lugar de ella. Menciono aquí las figuras tal vez más conocidas. Apuleyo (s. II d. C.), autor de El asno de oro y cultor de ese estilo florido llamado asianismo; Tertuliano, apologista cristiano muerto hacia el 240; San Agustín, obispo de Hipona; Marciano Capela, del s. V, autor de una enciclopedia llena de alegorías, cuyo título era Las nupcias de Filología y Mercurio. Al final de mi versión, reemplazo un ave regional (el crespín) por el eterno cisne, cuyo último canto se dice que es el más perfecto. Pero ahora muestro otro experimento, el tango Cambalache traducido a lengua que pretende ser culta. No copio la letra del tango, porque creo que es bien conocida.

GRAN TEATRO
(Cambalache en lenguaje no reo)

Dicen que el mundo claudica
en su andar, en el áureo siglo
y también en la plateada edad:
nunca faltó la gentuza soez
que engaña y es engañada,
que cortesanas frecuenta
y los escollos de las cortes.
Mas este siglo es la edad
más malévola que existió.
No lo podrás negar, Fabio:
un cocido de males es este
mundo de hoy; de muchas
cosas, una sola.

Seas comendador o villano,
honrado señor o trapacero,
necio vulgo o sabio doctor,
liberal o miserable, ninguna
diferencia en esto habrá.
Pueden medir sus armas
el vil y el andante caballero;
un escolar salmantino
y una simia dan cátedra;
ventero y teólogo pesan
lo mismo en las balanzas.
Unos se afanan por estudiar
la medicina en Salerno,
los digestos en Bologna,
divina filosofía en París,
pero las buenas costumbres
en ninguna parte.

En las tablas de la escena
encuentras al rey y al simple
que vive en su rincón, a Ginés
de Pasamonte y a don Diego,
a Pericles y al demagogo;
Espartaco y Craso se dan
la mano, Jerónimo discute
por un vaso de vino, Clodio
agita al populacho y Catón
cultiva una severa virtud.
Todo revuelto allí tendrás:
los libros sucios de tahúres
y la Vulgata.

Edad muy férrea la nuestra,
de afanes y de codicias.
Importuna a los grandes
para conseguir espórtulas,
golpea los altivos umbrales
de los poderosos. La Muerte
empero a todos nos iguala,
pues sacude las tabernas
y palacios con su pie igual.
No te engañe el vacío rumor
que el mundo llama fama:
es una sombra de un sueño.
Debes vivir en paz contigo
el día presente, pues las horas
devoran los días de la vida;
se nos escurren, mi Fabio,
como arena.

[In vulgarem non vulgarem convertit Radulfus]

Sería largo y trabajoso –además de arrogante– ponerme a explicar cada una de las alusiones cultas. Algunas por otra parte son evidentes, por históricas o por literarias. Solo puedo justificarme diciendo que me he divertido mucho. En realidad no solo eso; una vida de diversas lecturas pasó por mi cabeza cuando hacía este juego. Quizás convenga aclarar aunque sea una sola alusión, como recuerdo de algo que hoy casi nadie lee, pero que figuraba, nisi fallor, en Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana, de don Marcelino Menéndez Pelayo. El Fabio destinatario de mis versos pretende emular al de la epístola moral que comenzaba

Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.
Aquí de Cipión la vencedora
colonia fue; por tierra derribado
yace el temido honor de la espantosa
muralla, y lastimosa
reliquia es solamente
de su invencible gente.
[7]

Quienes visitan hoy las ruinas de esa ciudad romana próxima a Sevilla, nada saben de Rodrigo Caro (1573-1647) y su “A las ruinas de Itálica”. Poco importa. Sirva en todo caso mi intento, a manera de un sencillo homenaje. Pero, como último ejemplo de este recorrido, citaré lo que escribí no como una falta de respeto sino –nuevamente– como alabanza. Sin duda que Don Francisco de Quevedo y Villegas es una gloria de las letras universales, pero lejos están los tiempos en que los alumnos de secundario aprendían de memoria alguno de sus sonetos. Sin embargo varias personas de mi generación recuerdan este célebre, dedicado a las ruinas de Roma. Lo copio no de amarillentos y empolvados (venerables por ello) libros, sino de la Red, en castellano y en inglés (no soy el autor de la versión inglesa).

Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!, ...You search in Rome for Rome, oh wanderer!,
y en Roma misma a Roma no la hallas;...... and yet in Rome itself you don’t find Rome:
cadáver son las que ostentó murallas, .......the walls boasting its fame are now a corpse,
y tumba de sí propio el Aventino. .............the Aventine now serves as its own tomb.

Yace donde reinaba el Palatino; ................it lies now where the Palatine once reigned;
y limadas del tiempo, las medallas ............and its medallions, worn Hawai by time,
más se muestran destrozo a las batallas ....show more the devastation of the battles
de las edades que blasón latino. ................of the ages than great Latium’s pride.

Sólo el Tibre quedó, cuya corriente, .........Only the Tiber has remained, whose flow,
si ciudad la regó, ya, sepoltura, .................if once a city watered, now, a grave,
la llora con funesto son doliente. ..............It mourns for her with brokenhearted tones.

¡Oh, Roma!, en tu grandeza, en tu
hermosura,............................................. Oh Rome!, of all your greatness, your allure,
huyó lo que era firme, y solamente ..........that which was firm has fled, and nothing but
lo fugitivo permanece y dura. .................What is elusive stays and will endure.
[8]

He aquí una versión lunfarda del soneto (de este delito laesae Hispanitatis sí soy responsable).

Tenés ganas de buscar a Roma en Roma,
Pibe, pero en Roma a Roma no remanyás;
Son un fiambre los paredones que tenía
Y el Capitolio se parece a un camposanto.

Esas montañitas con palacios de pashá
Son aura un cascajo; monedas y medallas
No son vento: son unos miserables cobres
Que no te alcanzarán ni pa yerba de ayer.

¡Juná! No te queda nada más que el Tibre.
¡Qué truchada de corriente verdolaga!
Allí jailaifes tenían –te lo bato– mansiones...

Che Roma, no te hagas más la papusa fina.
Si vos antes tuvistes fama y morlacos,
Hoy sos un bagallo viejo descangallado.


Dentro del tópico del paso del tiempo, sería pecado explicar a un tanguero que la yerba de ayer de mi versión es la misma que la de un tango célebre, hecho por el mismo autor de Esta noche me emborracho, al cual aludo en el último verso. Pero decía antes que no iba a cometer la torpeza de comentar in extenso mis manías poéticas. Solo faltan unas, por así llamarlas, conclusiones.

En primer lugar, siempre fue atractivo el poder cultivar varios niveles –no doy a esto un carácter valorativo– de lengua. En la antigüedad había griegos que eran capaces de escribir poemas en jónico, en dórico y en eólico. Sálvense las distancias que se quieran, pero también ahora hombres cultos usan el lunfardo, ese registro nuestro de origen variopinto. Todos decimos que fulano tiene muy buenas pilchas, que tenemos mucho laburo o que la vida es una timba. De cualquier forma, el lunfardo no es una falta de respeto. Por eso creo que no hice mal mezclándolo con latín y con español culto. Si a algunos esto agradó, quedan convidados a intentarlo (sin duda lo harán mejor que este servidor).

RAÚL LAVALLE

[1] “Poesía ‘popular’: dos versiones, y algo de latín”, trabajo leído en las Primeras Jornadas sobre Sociedad Argentina y Cultura Popular, organizadas por el IES Nº 1, Ciudad de Buenos Aires; publicado en CD ROM, 2002.
[2] “Corrientes del Tíber”, http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/febrero_03/12022003.htm .
[3] 44 a.
[4] P. ej.: M. A. Bailly. Dictionnaire grec-français. Paris, Hachette, var. ed.
[5] El Diccionario del lunfardo argentino: http://www.nacionesunidas.com/diccionarios/argentina.htm . Para otras definiciones y etimología probable: http://www.thefreedictionary.com/gigolos .
[6] Tristia 1, 9, 5-6.
[7] El texto puede verse en: http://www.estudio24.com/Estudio24-imss/paginas/plantillas_contenido/Page.asp?Seccion=105&Pagina=317&plantilla=Page.asp .
[8] http://sonnets.spanish.sbc.edu/Quevedo_Roma.html .